HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tu noche a cuestas de ese tajo bajo mis sábanas. Libándome la profundidad de un verso tachado, de los años perdidos, de las esquinas derribadas. Cuando crujes en el pasillo, como la mano esqueleto y tomas de mi cuerpo la penúltima copa derramada en la arena, con tu olor, como el relincho que inhala de la mar la huella borrada de mi mano, el fulgor de la secreción de una fecha destruida en el gemido que alza los pájaros subterráneos que en tus ojos quemaron mi vida.

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