HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Vengo del monte. Fue un viaje muy hermoso. Yo salí de casa con la sensación de que me iba a encontrar una bestia, sufrimiento, un escarpado, un nudo asfixiándome, bajándome, llevándome más al Infra, desvelándome desde el dolor. Pero hubo una apertura. Algo de mí volvió al bosque. Crucé por un río. Y algo volvió a recordar los secretos de la naturaleza. Algo en mí volvió a desear la aventura. Meterme entre zarzas, buscar un camino, trepar, mancharme, y mantener una metáfora entre mi mundo interior. Fue un camino lleno de rebelaciones y regresiones. Y algo sagrado ante la naturaleza. Volví a mirarla. Todavía sólo la atisbo, me estremece. Pero volví a sentir su furia y su grandiosidad, su belleza salvaje. Al regreso empezó a llover y fue agradable mojarme mientras seguía dentro de mi viaje interior. Tardaría muchas páginas en escribir lo que sentí y descubrí allí. Hubo también en mí un deseo de callar. De mantenerme tras el velo. De no forzar el camino. De acecharme desde el bosque.

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