HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Vengo del río. He sido feliz, jugando en la hierba, escuchando el agua, descubriendo madrigueras de rama, islas de zarzamora. Sintiendo la primavera, un cambio en los ciclos que también hierve en mi sangre y brota. He visto otra perspectiva de lo que vine escribiendo, a través del canto del corazón, de su deseo, de su levedad, y en ese juego todo volvió abrirse. Pensé que la salida debe ser una salida de un duende. Esa inocencia para tomar los caminos con las manos abiertas, sin monedas, sin mapas, sin pretensiones y el corazón latiendo, todas sus aves. Algo poético. Un acto poético. Esa es la única forma en las que mis dos naturalezas convivan en paz hacia el 3 del bosque.

Volvió a darme el sol en la piel. Volví a tener deseos de dar volteretas en la hierba. De atarme las ramas en el pelo. Un silencio preñado volvió a abrirse y a danzar. El deseo de volver a conquistar mi cuerpo, de bailarlo en la naturaleza, de saberlo, de reconocerlo. Un deseo de querer desnudarme y cubrirme de hierbas y de tierra. De dar palmadas al tambor del río. De amar como aman los bichitos y la lluvia.

Kavka nadó en el río. Se revolcó en la tierra. Jugó. Él también se primaveriza. Ahora volvemos a ganar espacios en la intemperie, más tiempo, más danza ahí afuera.

Cuando estaba metiéndome por una vera del río, llegué a un sitio donde había un pellejo de lobo colgado de un rama, en el centro del río. Eso me pareció algo muy extraño. Pensé que tal vez lo habían puesto para que por allí no pasará el ganado asustándolo con el olor del lobo. Y pensé otras cosas más irracionales. Luego hablé con él un rato, y volví a reconocerlo con el corazón, un amigo animal. Mi otra naturaleza radical y austera de la llamada del lobo, tendió su pata. Y algo me tocó el corazón. Algo que no tenía qué ver con ninguna intención ni palabra. Era como un canto de cuco. Como un cacareo hacia la terrible alba. Y en mis antagonias fue cuando se apareció el camino del duende. Y por un segundo parecía probable y entero. Como una canción abstracta. Más allá de mis dos naturalezas. Desapegada de lo humano y desapegada de la bestia. Algo intermedio hacia el agujerito del búho. Y fue cuando reconocí mis sentimientos, mis pasiones, mis sueños. Tal vez cuando habito la naturaleza de mi animal, mi corazón se vuelve un ciprés. Se me desrrealizan ciertos cantos y olvido cachos de mi corazón. Esas dos naturalezas que me llegan como opositorias han de ser complementarias en el puente del duende.

No hay comentarios:

Publicar un comentario