HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

En mi pasado yo vivía en la literatura y la utopía y pasión de la distancia en el ojo de buey de un sapo alucinógeno. Mantenía relaciones virtuales, a través de la poesía y la confidencia de la cucaracha de Kafka. Un arrebato etéreo, contra la hechura. Yo tenía diferentes mundos separados entre sí.. donde desarrollaba mi psique y mi emoción. Tenía ciertos colegas de carne y hueso. Y otros, los que más amaba... que eran de mi pasión quijote y literaria. En esos mundos líricos desarrollé un tipo de enamoramiento y confidencialidad que no eran viables en la tierra. Y que tampoco se ajustaban a mi naturaleza animal. Eran la utopía del poema. Pura milonga de sangre y hueso. Para mí eran muy importantes y sagrados. Pero eran una antorcha en la polilla, queroseno, humo, droga, quimera. Como también eran teatro los de carne y hueso. La sombra de esos amores me arrancó una costilla. Y yo quedé prendida del Fauno y del dadá y del fuera de campo y del ardor de la lejanía.

En realidad mi yo de andar por casa, no ama, como ama mi poesía del amor. Esa poesía del amor, era un hongo de Alicia. Que ocurrió en un mundo intangible que jamás conoció mi piel. Y sin embargo, algo en mí, aún busca el amor, en ese lugar imposible. Que no existe ni existirá.

Porque mi yo de calle y vino tinto. No es romántico. No es fiel. No se casa con nadie. Es hijo de la monstruosidad. Es un bichito sin manada. Es un tomatal en la azotea del manicomio. Es un ciervo volador en una hoja de datura. Es una desgracia como otra cualquiera. Mi yo de andar por la calle, es un cúmulo de embustes provocados por el secreto del éter. Es una cascada de fealdad riendo a carcajadas con los dientes comidos por el caballo en medio de las ruinas y el sueño del apocalipsis. En mi ser mundano, yo soy viuda de nacimiento. Yo tengo alergia de medusa y de fransquestein al amor. He escrito cientos de cartas de amor, de héroes y pirómanos, de monjas portuguesas, de sensiblerías de mar blanco, de suspiros de semen de dios. Las he escrito sangrándolas por todos mis poros, viviéndolas en la tiranía de la alucinación de Alicia. Pero mi yo mundano jamás ha escrito un verso. Mi yo mundano huele a perro y ladra. No cuenta cuentos al oido. Mi yo mundano, es un hombre y una mujer y un lobo y un caracol y una mariquita y un agujero negro y un barco de ginebra.

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