HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ha empezado a llover a chaparrón. Relincha el pájaro carpintero. El verde grita la vida.  Yo ardo sobre una exclamación de mezcal y salitre. Un sueño de gaviota. Un puerto de ruinas golpeándose en la luna. Un canto molotov desde el fuego de las cavernas pariendo montañas y animales, al asustado corazón de las soledades que truenan vidríos y mandrágoras en un soplo de sirena. Deseo bañarme en la mar. Explotar el secreto de mi hueso y encender lumbre con la sombra. Retorcerme de placer y de selvas, no guardar en el papel el poema, romperlo en mi pecho y echarlo al abordaje. Sin llevar ningún timón ni pedir nada de vuelta. Sin ensuciar el viento con mis prejuicios racionales, ni mis prejuicios poéticos, ni empíricos, ni de alcantarilla y cicatriz, ni de condición humana, ni de la mierda de la cultura, ni de ningún fin ni medio. Bajar al humus y orgiastiarme del azar y de lo desconocido. Comprometer el magma hacia el crecimiento del magma. Y que sea lo que sea, que sea con todos los huesos y la sangre.

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