HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Soñaba una presión. Algo que trataba de desvelar el lenguaje del corazón, pero que rozaba un abismo. Me desperté con la sensación de que estoy metiéndome en líos. Anoche estaba muy desvelada e inquieta, tenía una sensación cafeínica de adrenalina en medio de ninguna parte. Ahora busco las palabras. Creo que la explosión que se busca en mi interior, necesita algo más profundo que los excesos del cuerpo y del grito. Algo más entrañado al lenguaje y al hueso. Algo que se incendie en la profundidad de la mar. El viaje a Xixón, de alguna forma me llega como un baile del hedonismo. Pero eso también es peligroso si me hace perder el rumbo, que por otro lado, no veo por ningún sitio. Mis cambios psíquicos son a veces irracionales. Sé que hay en mí, una sima psicótica. Un anacoluto antitemporal. Una patinada de cumbres y de espinos. Ciertos procesos que me llegan mordidos desde un murciélago. Y que no son muy compartibles con los humanos. Porque el lugar que los hizo nacer, no se ajusta a un hecho concreto ni a la lógica de la hechura. Es sano exteriorizar los ritos del desasosiego. Alguna vez tuve muchos colegas que tenían también procesos psicóticos. Y hacíamos milicia. Compartíamos lo indecible, lo extraño. Y ya no era algo aislado. Era algo que abría cauces y provocaba defensa y resistencia. Nos comprendíamos desde el fuego del abismo de lo extraño. Y nos acompáñabamos. No nos sentíamos unos monstruos desterrados de la condición humana. Reconocíamos en el otro, el laberinto del fauno interior. Y sacábamos afuera, la creatividad conjunta, del aguantar el duelo con el demonio y abrir camino hacia la mar.

Ahora ya no los veo casi. Y esos procesos del libar del insecto que a veces me embargan, los expreso sólo con la escritura. No hay un reconocimiento verbal de mi rareza, de mi soliloquio, con otras personas. Y eso de alguna forma hace que mi soledad sea oscura. Hace que haya algo en mi interior que se mantenga velado, en secreto, en teatro. Un autismo acorazado. Un diccionario independiente. Algo que siempre está solo.  Porque hay una extraña ley surrealista que me rige. Me rige el abajo del abajo y su luz de queroseno. Me rige la pintura de dinamita. El tango de luces de san telmo. Los maizales de Van Gogh. Una brecha en el horizonte. Una hoguera del canto abstracto. El danzar fantasmagórico de una sombra partiendo leña. No me rige la realidad exterior. No me direcciona lo social. Lo externo me llega como una atmósfera de un teatro sólo para locos, como un collage de amanita y tierra seca. Como fotografías, alfileres y neumáticos en llamas. Mi relación con la existencia es visceral de un rareza y una lejanía. Por eso muchas veces en presencia de humanos, un cierzo congelado me enfría los labios y me ausento, un viaje a la luna, subida en un esqueleto de buitre. Por eso a veces me arrebatan desesperanzas y nostalgias alienígenas y deconstruidas de mi historia y de la tierra. Por eso a veces, me pongo lunática con el whisky y con el anacoluto. Con el agujero de rata de la civilización. Con una canción que parece que busca mi muerte y me llena de fuego y de olvido. Por eso me es muy díficil sentirme de tú a tú, con una persona. Sólo con los locos me he sentido libre. Porque ellos también se metieron hasta el extremo en el fuego de su rareza. Y cuando alguien baja al inframundo. Pierde muchos prejuicios y recupera la mirada de asombro del venado y del niño. Viaja con su propia bicicleta hecha a mano en la sinergia y cubismo. Y la gente que ha sufrido ese tipo de abismos, es mucho más humana y tiene una capacidad de amar cercana a los dioses y a los árboles. Tiene un código ácrata y surrealista en la comunicación. Algo que se hace innato al haber volado por los aires y desintegrado los huesos. Algo que no se ajusta a la cultura y sus racismos y homofobias. Algo auténtico. Pegado siempre al lenguaje del alma. Con una hipersensibilidad de duendes y de montañas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario