HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos


A veces derrocho la salud y los años, en tabernas desalmadas, agujeros de gusano, voces que no tocan la mar, pasos que no avanzan los relinchos. Porque no somos nada, sin la rebeldía, sin la lucha. Porque todos tenemos dentro, una barricada, nuestro cuerpo y el tiempo y el espacio entre dos palabras, es la musa, es el fuego. Todos tenemos dentro una capacidad subersiva y creativa capaz de reventar de revuelta el silencio de la calle y de la cuneta. Todos tenemos dentro, una semilla invicta. La capacidad de transformar lo que nos rodea. De atraer la utopía como una cascada a nuestros pies. La posibilidad de gestionar el espacio vacío y construir una nueva cultura y atmósfera. La capacidad de desobecer a gritos y destruir la arquitectura de lo triste y de la usura. Y crear lo insólito.  Podemos juntarnos ahora mismo e ir a echar calderos de pintura o cachos de pescado y gasolina, sobre la comisaría y el ayuntamiento y el banco. Gritar y bailar contra el olvido y la infamia. Crear otra música de fondo en el barrio. Poner agua bajo la pobreza y levantarla hasta el SOl y la libertad. Hablar con ese vagundo al que nadie mira y escuchar su historia y ver nuestros ojos en los suyos. Levantar la cabeza de la pantalla y pantallazo de unx mismx, y explorar lo inimaginable y fractálico de ahí afuera. Cerrar el parlamento hasta que vuelva allí la justicia, la decencia y el pueblo. En el fondo nuestros cuerpos desnudos y desarmados, son carros de combate. Nuestra palabra, nuestra huella, nuestro acto, puede traer ahora mismo el fin del capitalismo y del hambre y de la tristeza. Todos, siempre, a pesar de lo que sea, podemos ser, un mundo nuevo, ahora mismo.

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