HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

 Se acaba de ir. Fueron horas muy bellas y apasionadas. Nosotros nos amamos mejor cuando nos vemos menos. Nos quisimos. Nos hicimos reír. Nos gozamos. Me sentí infinita, sinuosa, mundana, enamorada, absurda, etílica, eterna. Nos emborrachamos un rato junto a desconocidos. Me encanta abrir el costillar y embriagarme junto a extraños, es cuando más sincera es la sinceridad, cuando más larga es la carretera y más a fuego el volante, más rojo el corazón, más noche la noche. Y él y yo, entonces somos camaradas, vino y boca, hachís y mechero, risa y alarido. Nos contagiamos de una mueca íntima mientras echamos afuera la lumbre y el camino. Nos amamos muchas veces. Yo le digo que con él yo soy otra vez adolescente e inmortal. Él me dice que nunca debí de ser muy austera ni ninguna otra cosa. Nos amamos en el patio de su casa. Nos amamos en el pasillo de su casa. En mi patio. En la hierba. En mi cama. Nos amamos en el champán, en el insomnio, en la resaca, en el café, en la lluvia, en el olvido y en el recuerdo. Nos amamos en el amor y en la tormenta. En la cerveza y en la tierra. En la dulzura y en el tequila y limón. En el cansancio y en las olas. Lo amé en éstas horas. Me llegó como lo nómada, como lo migrante, como lo desconocido. Me llegó como chimenea y como mezcal. Me llegó como la vida. Todavía adentro mío gotea su música, su mirada, sus venados. Lo amo mejor cuando no sé que lo amo. Cuando nada me importa. Lo avianto mejor en mis pechos y en mi alma, cuando no quiero sujetarlo ni entregarme. Me muero de felicidad cuando ya no codicio ni la felicidad ni ninguna otra cosa. Me reío a boca abierta más enardecidamente cuando todas las islas han sido destruidas y lo que queda es fuego de pájaros.

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