HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora las canciones, el trago absurdo y enllamado. La calle que empieza a parecerse a una fiera. El cielo que sangra y ríe su crueldad. Mis piernas que me tiemblan lo que él llevará en su vaso. Mi mano, del todo desnuda y dadora, cabaretista, enfermera, puta, madre, hermana, niña, bienrecibida en los bares y en las escombreras. Mi otra mano, de lobos, sus arrugas, de soledad, sus manchas, de puño cerrado, su calor y su frío. Y las carreteras que ya no pasan por casa. Y el olor a goma quemada en la siguiente curva. Y el capricho del azar, en mi piel y en mis ganas. Y el vete a saber en mi pechera. Y el te amo, te odio, te necesito, te aparto, te golpeo, te lamo, te aprieto, te beso, te cosquilleo, te chisto el perro del callejón, te embizco la hoguera, te doy todo lo mío y robo más para ti, me voy sin nada y vencida con tu amor enterrado en mis venas, te para siempre jamás, mis horas, mi cama, mi vida y mi muerte, mi engaño, mi teatro, mi pecado, mi blues, mi desliz, mi error más querido. La quinta botella que nunca sienta mal.

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