HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Aquella tarde en el pueblo de al lado, tomábamos biter kas con ginebra, nos juntamos a dos perdidos como nosotros que sujetaban su vaso como se sujeta una pared cuando se va a perder el equilibrio. Hay gente que nació vagabunda. Entre nosotros nos reconocemos, echamos a fuera una canción, quemamos lo que hay delante, lo que hay detrás. Hay gente que nunca va a ningún sitio. Y que ya no recuerda de dónde viene. Que viven sólo al día y de pura casualidad. Que debieron vivir muy largos caminos cuando nadie los veía, que no trajeron de vuelta, una flor ni un libro, ni nada que demostrara que estuvieron allí. Hay gente que no tiene agenda, ni un timbre que está esperando por ellos, ni un amor que salve del caos, ni un destino. Hay gente que vive en el fuego. Que anda a tumbos y a cascadas de gas, que anda de venados por los sobacos, de aullidos y temblores. Y que haga lo que haga, nunca llega a un hogar. 

Yos es de esa clase de persona. Por eso nos amamos tan cerca de la muerte, tan heridos del amor. Porque la gente como nosotros ama como aman las bestias y los desguaces, como ama la penúltima, el ayuntamiento en llamas, los perros en celo, el apocalipsis. No sabemos amar madre la tierra ni la palabra. Tenemos también muy oscuros ojos abiertos como dagas en la luna. Sabemos que siempre estaremos solos, errando, desangrándonos y absolviéndonos, al crujir del fulgor y de la nada. Enamorados y rotos. Siempre caminando sin llegar, sin labrar, sin acumular ni perseguir, como rayos y desiertos, como procesionarias de los pinos y mares.

No hay comentarios:

Publicar un comentario