HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de un rato saldré al monte. Tengo moratones del amor en las cenizas de los papeles, en la piel, en el grito y en el agua. Pero no los tengo en el corazón. Llego a él, perdiéndolo, perdiéndome. Me entrego desapareciéndonos a los dos, echándonos al abordaje, al tiempo que se quiebra, a la luz del queroseno. Me río a carcajadas a veces a su lado, como si él fuera la barandilla que da al mar, el último vaso, el único superviviente, el último hombre y perro de la tierra. Pero sólo es porque un poema me ha robado el corazón, porque un anacoluto entre mis piernas ciaboga Marte. Porque bebemos demasiado y cada vez tenemos menos tierra y motivos. Porque he amado miles de poemas incumplidos a huracán bajo mis pies.  Porque es a los poemas a los que debo mi vida.  La épica de nuestra pasión es un atraco a la maleza y a las bestias, a las flores del desierto, a los que están cansados de hablar. En realidad somos mucho más sucios e insolventes.

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