HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El cielo está muy cargado. Dentro de poco se armará la tormenta. Hoy estoy más tranquila. Dormí mucho. En algún momento me erguí de la cama medio dormida y abrí los ojos y vi la ventana y la luz, y en mi sueño, esa ventana era un movimiento del juego de las damas, y sentí que daba un salto el paisaje y avanzaba sostenido por una espada.

Creo que es precisamente eso lo que necesito, para arreglar mis problemas. Una estrategia dadá y apasionada, del tambor de Diógenes. Que sobretodo ría y baile.

Estos días he estado algo jodida, porque mis sentimientos más tristes y desesperados, se escupieron sobre mi mesa. Mis quejidos del suicidio de Verlaine rompieron en mi pecho. Y los callejones sin salida me explotaron al filo.

Sé que a veces puedo ser la persona más triste de la tierra.  Aunque me gusta caminar sobre el relincho, la risa desproporcionada de los olvidados, el sabotaje de luna, lo salvaje. Algo dentro de mi corazón, muy íntimo y críptico, atado por versos de queroseno y distancia insalvable, siempre se ha sentido solo. Y eso me mantiene un duelo con la desolación que todavía no he sabido acabar definitivamente.  Hay un tipo de tristeza que se mantiene en una isla flotante ajada a mí. Una sombra de la maldición. Algo que sólo ha desaparecido en mis momentos del exorcismo de la locura. Sino me mantiene algo suspicaz, nostálgica, abandonada, me hace actúar como una payasa, dramaturga de mis sentimientos, a veces kamikace, extrema, voluble y amorfa.

Estos días como he estado a flor de piel y bombardeada por visiones y sombras. He recordado con rencor a mi familia. Con rabia a mi pasado. He culpado psicoanalíticamente a las taras de mis padres. He sentido que sus monstruos estaban todavía sangrando en mi cuerpo. Que seguían vivos todos los demonios de la familia.  Como soy alguien metafísica y me gusta sacar paladas de tierra de mi psique, acabé llegando a eso hilo de dinamita que pusieron en mi cuerpo agentes extraños a mi vida. Y los odié. Deberían hacer un psicotécnico a las parejas que deciden tener hijos y a ciertas personas hacerles a un tajo la vasectomía. Si dependiera de mí, a mis viejos yo se la hubiera hecho.

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