HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Él duerme. Ayer dejamos abierta la persiana, a mí me despertó el sol hace ya un largo rato. Tengo adentro una amapola de cristal acuchillada en el océano. Una perdición que me abraza como abraza la mandrágora, que me canta una nana, cuando todo canta y se va. Tengo hambre de explotar un poema en mi entraña, sentir una raíz, sentir un dios, un hogar, un amor infinito. Pero la vida es mucho más salvaje y zorra. Y de erupción en erupción, vamos conociendo los ojos de la muerte, vamos bailando tibia y calavera, luces de san telmo, olvido, pasión, desgracia y felicidad. Arrancamos las cuerdas. Encima de la música del lsd damos vueltas y vueltas. El fuego es el principio y es el fin. Ojalá supiera comportarme como si no fuera a morir. Ojalá supiera caminar como si es que fuera a algún sitio. Ojalá la lágrima de mi madre fuera esa enredadera que me trepara a la luna y me hiciera dormir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario