HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Él me quiere, como a un perro amigo, como a un borracho que le canta cuando se está cayendo la fe y los motivos. Como a un tren que pasaba por allí y hablaba de la mar y de extraños parajes entre la niebla con árboles rojos descendiendo bajo las tumbas y echando afuera mezcal. Él me quiere, de hombre a hombre, de cerveza a cerveza, de perdidos al río. De compadres, de canuto, de primavera y aves de paso, y gritos caducos y sangre fresca mojando las flores y el olvido.
Algunas noches me quiere como al pecado, me desea como al deseo, me toca fuego y mandrágora, me abre blues, me ama amante y me siento la primera mujer de la tierra.
Pero es la luna y no nosotros.
Nosotros somos dos barriobajados cantos que se marchan.

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