HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Él y yo, no somos del todo compatibles. Pero eso es lo natural. Yo tengo adentro, latidos del ser, incompatibles con todos los humanos. Latidos que necesitan los abrazos de los cipreses, los suelos explotados en los caparazones de las tortugas, el silencio fumado por los escarabajos, la frecuencia del río y de la roca. La noche cerrada hablando sólo con los topos el camino del sol, la ausencia y la proa de los naufragios cuando al borde del acantalido cae la tormenta.
Todos tenemos fantasmas, cicatrices, insolencias, zonas insoportables, ácidas, chirriantes, oscuras, no queribles. Todos tenemos cubismo en el rostro. Irradiamos múltiples maneras. 
Yo sé que Yos. a veces no me soporta. Cuando me pongo metafísica. Cuando me pongo en contra de todas las palabras, buscando la puntilla a la rata de mi sótano. Cuando lo miro muy mal sin darme cuenta y callo todo para adentro y no lo toco, ni me río de sus chistes, ni empiezo ninguna conversación, ni sigo la suya, porque ando colgada de un pez del río del olvido. Cuando me da la embriaguez de los perturbados de los cristales y la pólvora. Cuando me pongo animal o excesivamente vagabunda.
Pero yo a él tampoco lo soporto cuando él no me soporta. Y entonces me pongo a la defensiva, y defiendo mucho más la metafísica, o las pulgas de Diógenes o el suspirar del Conde Drácula. Y desbordo mucho más la distancia que nos separa. 
Él también es muy díficil de soportar.  A veces se vuelve insensible, cortante, belicoso. A veces está en guerra con todo lo que le toca. A veces hace como yo, y lo calla todo para adentro y se va sobre un cuervo a vete saber qué mundos. A veces tiene mucha furia y parece un lobo solitario que quiere saltarte a la yugular. A veces te congela sólo con mirarte, los sentimientos y las ganas de bailar a su lado. A veces te repele sólo con el olor que emana. A veces es un arrogante que siempre lleva la contraria y cree que sólo él tiene la razón.
Yo intento no tomármelo a lo personal, porque he visto que se comporta así con todo el mundo, también con su madre. Pero inevitablemente de vez en cuando él y yo, hacemos el baile homicida de los chacales y parece que estamos en una fiesta macabra de Comala. 
Aunque también tenemos dentro animalitos que se quieren y juegan y ríen. Que pueden estar hablando horas enteras según qué estrella tengamos encima.

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