HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Empieza un nuevo ciclo. Había una inercia de litrona y fuegos fatuos con Yoseba que ya se ha roto. En algún momento se le pregunta algo al amor. Yo era vagabunda y no lo hacía. Era alguien acostumbrada a lo marginado y lo distante, al tango, a la cantina, a la voz tabernaria y ronca, nómada, a no pedir nada ni tener nunca nada. Pero me harté. En algún momento se desea que ese hombre al que le abres tus piernas y tus venas, tenga un sueño y una kalasnikov que ofrecerte o sino que se vaya a la mierda. En algún momento se abandonan las tabernas y se quiere una luna más ancha. Alguien que te haga libre, que sepa volar, que haga contigo una barricada y defienda con fusiles los sueños. Por mis experiencias en el infierno, confundía el amor con el whisky, confundía el amor con una chatarrería y un velorio de locos. Tal vez yo no conozca el amor, pero sé lo que no es amor. El amor te hace libre. No te hace una alcohólica. El amor te hace feliz, no te hace una harapienta con balas. El amor te ensancha, te arma, te convierte en una jauría, en una nave espacial, en el océano. Y él a mí no me ama. Con él yo cada vez estaba más hambrienta y amoratanada. El amor es el todo o la nada. 

Hoy prefiero la nada a lo que tenía con él.
Que se vaya al pairo.

Gozamos la lujuria y la luna. Las tabernas y los andenes. Gozamos un anacoluto que en alguna borrachera se parecía al amor y al paraiso. 

Agotamos todas las botellas. Y ya era hora de irse.

 


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