HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

En el patio hay una familia de erizos. Y la camada de gatitos, se deja querer. Cuando tengo dentro un precipicio, los animales y los árboles, hacen un puente de amor. Con las personas no ocurre así. Con las personas en ciertas canciones de la noche, sobrevive el espanto, la brecha. Es algo que tal vez siempre me vaya a pasar. Porque mi experiencia vital jugó durante muchos años en el beso del lobo estepario. En la dramaturgia. Y quién yo era verdaderamente, estaba muy dentro de un verso de queroseno. Mi familia me amamantó también como la cucaracha de Kafka. Dentro de mí, había una criatura que representaba la destrucción de la familia. Alguien que ellos no podían mirar a los ojos, porque entonces verían su propia vida dinamitada en el abismo cabalgando con la muerte. Por eso me hice escritora. Por eso me hice solitaria y siempre escondí mis ojos, en un múltiple identidad. Por eso también estuve en el manicomio, cuando elegí la verdad y el destino del fuego, cuando elegí la guerra, los tuétanos, lo etéreo y lo sólido del poema, el todo o la nada. Cuando me saqué a mí como una jauría hacia el mar. 

Creo que por eso tengo problemas emocionales sobre los arroyos del amor. Nunca siento un beso ni una palabra de amor que pueda taladrarme y llegar al fondo de mí. No me siento entera junto a los humanos. Siento que siempre me falta un cacho que anda en el exilio. Hacia el sueño del Fauno. Hacia un escritorio de queroseno. 

Por eso mantengo una endémica tristeza entre mi mano y la flor. La sensación de desamparo. De sentir que él no me ama, que él no me entiende, que soy un bicho raro y marginal. A veces me embruja un tango y me siento la desamada, la despedazada, la que siempre va sola, la abandonada. Y algo en mí se muere de amor. Y entonces también siento rabia, porque me siento sumisa, vagabunda, muy vulnerable del amor. Y mi otro yo se prende pólvora. Y destazo el amor. Me haga masculina, perruna, quinqui. Y me trago adentro el llanto y no queda ni una gota, pero hiere a fuego. O a veces se me saltan los cables y lo pego.

No hay comentarios:

Publicar un comentario