HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Era más fácil cuando era medio gramo, entre mil caminos del desguace.
Cuando a sorbos de locura, la luz era inevitable, insolente y vulgar, hija bastarda de tu muerte, blues que se emborracha cuando el blues cae, aprieta el gatillo y socorre al asombro, cuando no encajan las manos en lo desnudo , ni calza tu sonido, el golpear de la materia, como una enfermedad serpenteando sanatorios en los filos, media vida, fue sólo sueño y de la otra me deshago, posesiva en tu boca.
Hay demasiadas palabras para poder dormir en tus brazos socorriéndome sólo contigo.
Demasiadas carreteras que llegaron antes bajo una luna que decidió secarse los ojos en las brasas de un gobierno destruido.

No llego yo sola, a morar contigo.
No llego como llega la lluvia, ni su olor cuando el sol desaparece. No llego sencilla. Ni sólo tan rota como para beber de tu cuerpo la fe que falta. Ni tan feliz de hallarte que ya no tener que sangrar el paso que sigo. Ni llego transparente, ni escondida. Ni enamorada ni fría. Ni tuya ni mía.

Era más fácil cuando no llegamos nunca al ejemplo.
Ni a tiras de las fechas, los pellejos desgranaban de la carne cruda, ese alimento maldito que partido a la mitad, dolía la belleza de las estrellas.  Y en tus espaldas, como un animal, subía montañas que bajaban muertas en mí cuando tú no veías. Siempre tan lejos del cielo y de la tierra. Dejo tu LSD debajo de mi lengua, me aparto para que no tengas que decidir quedarte. Te beso desde el fondo oscuro de la muerte para que nunca haya importado lo que haríamos, ni qué sería de nosotros.

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