HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hace un día hermoso. He puesto música y ya me apeteció un trago. Pero no. Tengo que parar. Mirar desde el malecom. Cantar el hueso y no el alud. Cantar al Sol y no a la muerte. Darle más años y más fe, a la vida de luego. Creo que me trastocó mucho éste último año. Me trastocó la luna, el sexo, el sabor de que todo explotará y que no quedará nada. El poema, el olvido, mi pasado allí, como un esqueleto de cabra entre manillares de fuego y ceniza. Me trastocó Yoseba y nuestro amor de muerte. El Fauno cuando llegó y el fauno cuando se fue. Me rompieron los cables, esas sociedades del capitalismo y el esperpento. Los gatos de los tejados. La belleza del monte. La impuntualidad del cielo. Lo que ya no tengo en los bolsillos. Lo que ya no juntan mis neuronas. Lo que me dice la existencia cuando estoy debajo del río del olvido, lo que me dice, cuando enamorada en las playas, rompo de guitarra y de vino. Lo que siento al lado de la hoguera. Lo que me rompe el agua al mirar los ojos de mi viejo. El oficio ahorcado para siempre en un cardo. Las monedas que ya sólo uso para pagar a los camareros. La casa que se quedó en una grieta anti-temporal esperando un mar rojo. Mi amor de todos los días desmayándome y haciéndome saltar al vacío. El alcoholismo heredado por genes y corazón. Por poesía y rechingada. Por fe y por declive. Por amar tanto la vida y no tener nada para darle. Me trastocó haber sentido tan intenso a dios y haberlo perdido. Me trastocó haber nacido. Todo lo que miro, es un motivo para enloquecerse. Todo lo que amo. Todo lo que duelo y vivo. Lo que se puede hablar, lo que no se puede hablar. 

Y no sé yo, si esto tendrá remedio.

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