HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He dormido un rato. Todavía tengo una sensación de resaca. Agujetas. Una luna quemada en la curva de unos labios desaparecidos en la noche. Pero ahora me siento mucho más descansada que antes. Me he mordido la boca por culpa de la anestesia y tengo hinchado el labio. El monte está muy hermoso. Busco las palabras. Hoy fue un día muy ajetreado y absurdo. Yo en la ciudad me siento un cromañón. Ya no quiero ir por allí. Ahora tengo un mes sin preocuparme de volver. De hierbas y de brezos y de ríos. Él vendrá en una semana y algo. Yo vuelvo a pensar en entregarle todo a la escritura, por fracaso, por fatiga, por absurdo, por la pasión de los que no tienen mundo. Volver a acribillarme del fuego abstracto, de las cuerdas del muérdago, de las huellas taladradas. Creo que en el fondo, sólo amo de verdad cuando escribo. Ahí en la tierra, soy demasiado vagabunda para entender del amor. Para vincularme. Para salvarme a mí o a él o a las estrellas. Así que me entrego a la escritura. He estado muchos meses escribiendo sin echar mis raíces dentro de lo escrito. Vengo un poco harapienta y escéptica. Pero de a poco volveré a entrar. Retomaré las grabaciones y los videopoemas. Hace ya como un año que los he olvidado. Por eso será fácil reinventarlos, volver siendo otra a ellos, encontrarle nuevos alfabetos y ojos.

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