HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado por ahí con mi viejo y Kavka. A ratos me he distraido. Mi viejo me ha hecho reír, tomarme las cosas más poética y levemente. Le he dicho " es que Yos no da su brazo a torcer" Me ha dicho "claro y por eso tú se lo retorciste" Comimos debajo de un fresno. Las conversaciones fueron muy hermosas y carcajeantes. Adoro a mi viejo y él me adora a mí. 
Tengo algo de desasosiego. Un nudo en la tripa. Todavía está muy fresca la herida. Son muy cercanos los sentimientos y el aguijón. Además soy intensa, dramática, dramaturga de mi zorro corazón. Soy voluble, cambio de frecuencia, de gruta, de cuchillo y de vino tinto, en una mezcla sinérgica y caprichosa. Tengo adentro una tristeza, una rabia, una canción punk, un velorio y el perdón del tequila. También tengo todavía resaca. Fueron muchos excesos. Todo ha dado una vuelta de campana. El final de la historia con Yos. es también el final de miles de historias. Es un cambio radical en mi vida. Yo tenía una inercia de guitarra eléctrica y litrona, hacia Yos. Hacia el piar y el olvido. Hacia el ardor del viento y el crujir de la nada, el hedonismo y la deriva. Ahora ya no voy a vivir en las mismas nociones. Tampoco me sirve ya ésta casa, ni éste sitio. Tengo que irme. Tiene que cambiar la escritura, el poso de vino, el zarpazo y el aullar, el paso de magma, el camino de éter, mi ninguna parte. Me enfadé porque sentí que él no me quería. Ayer sentí que había un cuervo entre nosotros. Durante un rato que nos quedamos sentados en el patio, me quedé mirándolo, y comprendí que nos separaban miles de kilómetros. Aunque yo me pasara con él la noche anterior, cuando hay amor, hay una brasa en la pupila que tira las paredes y que defiende la canción. Aunque yo me comporte a veces con jeroglíficos y macarradas, en el fondo soy muy vulnerable al amor, soy vulnerable a la marginación y al rechazo. Y él a veces es cruel conmigo. Eso fue lo que me puteó. Sentir que me chascó la última botella y que a la mierda de una vez.  Tal vez yo le hice daño físicamente, pero las peleas de hoguera y de borrachos, son peleas del País de Nunca Jamás, son honestas, son libres. Yo a él nunca le hice daño emocionalmente. No quise verle triste. No quise verle caer. No le negué una sonrisa. Y él a mí sí. Para que estuviéramos del todo en paz, deberíamos pegarnos otra vez ya sabiendo que todo se iba a ir a la mierda y enlunatizarnos mucho más salvajemente. Acabar los dos en el hospital. Y después ya sí, borrón y cuenta nueva y que viva el amor.

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