HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado por ahí con mi viejo. Nos reímos mucho. Él se va dentro de un rato y yo he quedado en ir a ver un rato a la tía de Yos. porque hay una tormenta y granizada salvaje y ella tiene algo de miedo. Fui feliz con mi viejo, porque lo sentí feliz, salvaje, nihilista, contento. No sentí cerca a la muerte. Sólo a la vida. Y por un rato nos creí inmortales. A cerveza y grito, a carcajada. Sin que nada pudiera enturbiarnos ni entristecernos. 

Mi viejo me decía que lo mejor sería que hablara con Yos. Yo le decía que no podía achicarme ni dar un paso atrás según está la situación. Él bromeó con aquella insignia que aparecía en la espadas, "no me saquéis sin razón, pero después de sacada, con razón o sin razón defendedla y no enmendadla"

Creo que nuestro conflicto, es una eyaculación de un poema de fuego que arrastramos desde que nos conocemos. Puede ser algo que nos una o que nos separe para siempre. Yo llevaba mucho tiempo en el filo, en la explosión, en la ebriedad a su lado. Había algo en mí hambriento, amoratanado que peleaba entre el exilio de Alicia y la selva, entre mi cobertura de la cucaracha de Kafka y el amor abierto a un tajo. Entre la entrega y el exilio. La camaradería de los borrachos y el frío.  Había una tensión entre nosotros, una herida, aunque a veces llegáramos a un bello puerto que flotaba en éter. No había un beso de amor. Había ternura animal, compañerismo, punk, juerga, viajes por el monte, aventuras del rastro del Fauno, de trepar río arriba, de felicidad mamífera y vagabunda. Pero había también la sombra de una violencia. De un amor torturado. De un corazón de perro de Diógenes. De un aullido abandonado en la noche. De una soledad harapienta y quinqui, que se sentaba encima del árbol bajo el que ardíamos. Algo que también nos estaba destruyendo, alcoholizando, haciendo que quemáramos las naves con vehemencia, irracionalidad, sin rumbo, sin hogar, sin abrigo.

Por eso en la noche de san juan, explotó la violencia y el anacoluto que había entre los dos, el verso de dinamita, el delirio de la luna.

Y al día siguiente siguió expresándose nuestra brecha.

Yo desencadené el fuego del fondo del vaso. Lo exploté sobre la mesa. Porque me estaba ahogando. Y él después de oírme, dio más motivos a la pólvora y a la ruptura.

Los dos lo hicimos con el corazón en la boca.

Creo que el camino de mi espíritu me lleva lejos de él. Aunque a veces mi deseo no quiera. Aunque un poema esté unido a él con fuego. Creo que es de justicia poética que los dos acabemos nuestra historia al beso de una hoguera. Porque no supimos agarrarnos de la mano en el infierno. 

Era una historia de barrio-bajo y duendes, de hachís y exceso, de pura vida y a placer. Pero en algún momento se necesita establecer un puente más profundo o irse cada cual con su orilla a cantar los astros y los nombres de la mar.

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