HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy estoy en paz con la amapola, con la noche, con los cráteres de la luna, con la belleza de la mala hierba. Con mi jodido corazón. Hacía muchos meses que no me sentía en paz con mi trago, con mi vacío, con mi hoguera. 
Ya se me pasó la fiebre del Wherter enganchado al caballo.
Ya se me pasó el drama.
Me duró 24 horas, dos litronas, siete canciones desgraciadas.
Hoy tengo ganas de la montaña, de la vereda, del rock.
Hoy ya no cargo poemas en los ataudes. Ya no lloró el síndrome del paraiso despiadado sobre las calaveras. Se ha abierto el horizonte. Relinchan los caballos. Los pájaros nocturnos radiografían el viento y los pozos, y rompen el vuelo sobre las distancias.

Menos mal que el empirismo de los velorios, va ahorrándose, la sangre y el tiempo.

Lo bueno de conocer mil naufragios, es que luego cuando vienen zorras las tormentas, enseguida uno se confiesa con la luna, y gana mucho antes la absolución.

Lo bueno de no tener nada en los bolsillos, ni poder ya jamás llegar al matrimonio, ni a un país, ni a un hogar, es que el vino te ama mucho más profundo y las estrellas te balancean, como a su hijo preferido. Sin súplicas. Sin remaches. Leves. En la dignidad del fuego y de la nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario