HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy no me preocupa que todo explote en el fuego y se quede allí. No me arrepiento de nada. Estaba hasta las tetas de preparar el vino y la cama, las estrellas, el todavía. Estaba hasta las tetas de estar disponible para él.  Como tengo varias personalidades, el síndrome de Franquestein, iba haciendo una escabechina en mi corazón. El libar de los insectos me daba una cobertura maleable y gaseante. Me provocaba despersonificación, entrega kamikace. Mi niña perdida jugaba a los naipes con los espectros. Y bombardeaba mi vida en la taberna de los malditos. Por eso fue tan mágica la hoguera de san juan. Porque me besaron las xanas, la catarsis, el exorcismo de las bestias. Porque me desborde con el amor de mi locura, de mi cuchillo, de mi luna llena. Porque liberé a mi alma. Porque liberé a mi violencia y dije al final todo lo que sentía mi poema y mis tuétanos. Recuperé el orgullo del Fauno y el amor de los lobos.

Eso me dejó adentro el orgasmo de los trasgos.

Y estoy muy contenta de haberle hecho daño. 
Porque yo aguanté mucha mierda de él, como una jodida cabaretista y una página en blanco.

El haber pasado ayer el duelo de haberlo perdido. También me pone más ancha la mar y las botas de metal, el punk y la luna de nadie y anarquía.

Ya me la suda que se lo lleve la rechingada. Tengo a la mar, a la poesía, a mis jodidos huesos saltando por la vereda.

Ya no tengo un agujero en mi corazón desposado con su heroina. 

No hay nada mejor como la erección de los velorios, para recuperar el tono.

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