HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La noche de ayer fue salvaje. La última borrachera entre Yos y yo. Él por la mañana parecía la policía, él es un macarra insensible, me gritó con violencia, me dijo que casi le rompo el brazo, que si tal y que cual, yo le dije que yo eso no lo recordaba, él dijo que yo no lo recuerde no significa que no haya ocurrido. Ya me cansé de él. Me sentí desterrada, marginada, extraña a su lado todo el día. Mucho más cerca de su compa que de él. Me sentí despreciada, desamada. Prefiero estar sola, junto a los perros y jabalíes que con él. Seguramente que si anoche me puse a pegarlo fue porque me estaba haciendo daño. Porque adentro una loba hambrienta y desolada rompía mi voz y mi pecho. Porque los borrachos nunca mienten. Porque moría de amor. Mucho más debería haberle pegado. Sobretodo hoy. 
Él se dejó muchas cosas en mi casa. Que las recoja y que se vaya. Ya no quiero más líos con él. Ya no quiero ésta historia que nos estaba llevando al alcoholismo y a la muerte. Él tiene doble personalidad. Yo quiero amor, sentirme libre, y él no tiene capacidad de amarme. A veces con él me siento en el paraiso, pero a la vuelta está el infierno. Mejor que haya acabado de ésta manera. Etílica, mandragorosa, mágica, a la velada de una hoguera, al extremo de un verso explotado y huérfano. Mejor para la poesía y para mí. Tal vez lo eche de menos a veces. Pero sé que sobretodo me dolerá echar de menos de él, al él que nunca existió, sino en mis sueños, cuando yo estaba loca. Me dolerá echar de menos su amor. Pero su amor ya no está desde hace mucho.

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