HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Lo que me provoca a veces el fuego de mi autismo, es que paso largos periodos sin relacionarme con nadie. Con la escritura y el monte.  Yos. es la persona más cercana. Y hace unos días casi se fue todo al pairo.  Creo que algo en mí a veces se siente desarraigado, diferente, en estampida de la brecha de un poema, de una distancia de magma, de una herida de la cobertura de los insectos.  Algo se pone suspicaz cuando me relaciono con las personas. Porque ese tipo de relaciones no es un hábito para mí. El hábito para mí es la escritura y los perros. Creo que por la sombra que extiende mi lobo estepario, hago cumbres borrascosas de un grano de arena. Me pongo metafísica y sombría a veces. Y muchas veces no puedo escapar de la sensación de que ya se ha muerto el amor, de que soy un bicho raro, de que nadie estará conmigo ni se quedará conmigo. De que nadie me amará a la hora de los lobos. Y entonces a veces me hago mendiga, y a veces me pongo belicosa. A veces con Yos. me entran enamoramientos de opio, al ver cómo fuma, como mueve sus manos y camina, al oír su voz. Me siento totalmente prendada de su belleza y de su salvajidad. Pero adentro mío, siento que ya lo he perdido, que él no querrá conmigo cruzar todos los mares. Y entonces sufro fiebres de Van Gogh, hachazos de amanita y de perdición.

Creo que todo eso, son fantasmas de mis cicatrices. Neurosis etéreas del callejón.
Son mecanismos secretos de mi laberinto del Fauno. Son atentados poéticos de mis muertos y de mi abstracción. Son feroces animales extraviados. Son gritos de olvido en el páramo. Son la sombra del corro de la bruja. La razón de mi tristeza.

Me iré, tal vez cuando acabe el verano a vivir a otro sitio. Tal vez buscar un trabajo. Abrirme a la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario