HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Lo que me puteó de él, fue su cólera, su destierro, su desprecio. Aunque tuviera razones para estar enfadado. Cuando se llega a un lugar que se parece al odio. Ya está todo jodido. Sé que él tiene dentro mucha rabia, nervio, impulsividad y fuego. Estoy acostumbrada a convivir con remaches de violencia. Alguna vez en mi familia todos nos relacionábamos así. Mi hermano y yo nos pegábamos a puñetazo y mordedura. En la casa siempre había insultos, golpes, cristales rotos, portazos. Ojos incendiados por el rencor y el desasosiego, la desesperación y el amor de los desheredados. En mi familia aprendimos a asociar el amor y el odio, como algo que va de la mano. Mis viejos entre ellos eran siempre un cuchillo. Peleábamos continuamente. Y llegábamos a ese tipo de estado emocional donde no había saciabilidad para la cólera y cada vez avanzábamos más cruelmente, despedazados por dentro, convertidos en animales. La rabia nos hacía mucho daño interiormente y eso nos hacía multiplicarla exteriormente. Hacíamos espectáculos por la calle. Se nos oía en todo el vecindario. A veces entrábamos en acción en un supermercado, en un bar, en la vereda. Y explotábamos el manicomio. Aunque también nos queríamos a morir.

Creo que eso nos dejó una tara a todos en relación a la forma de expresar nuestros afectos. Algo un tanto maníaco y extremo. Y a la vez la exigencia de que la otredad nos amara aunque fuéramos unas bestias, que la otredad nos amara en el último canto del infierno. Porque en mi familia aunque rebasáramos los límites del odio, siempre era más fuerte el amor que luego se regeneraba. Tal vez por eso esa noche yo me puse lunática con atacar a Yos. para mí era divertido, catártico, amoroso. Pero igual a él no le pareció lo mismo. Y como él es alguien lleno de furia. Se le incendió como queroseno.

Al día siguiente yo estaba muy sensible. Y su mirada de rencor, sus palabras, sus gritos, me pusieron suspicaz.  Sobretodo fue una tristeza que me invadió cuando ellos ya se iban, yo me acerqué como un venado a Yos. que estaba apoyado en la verja de la puerta para ronronearle, y él se dio la vuelta para que no me acercara y se alejó. Eso me hizo sentir desolada y a la vez furiosa. Y a los cinco minutos fue cuando le escribí mi mensaje del fin del mundo, del todo o la nada. Aunque como estaba enfadada y hambrienta y herida y enamorada y hasta las tetas, la forma del mensaje cobró un aire de ruptura en lugar de brecha para la comunicación.  Yos. tenía resaca. Y le dolía mucho la muñeca que yo le retorcí, estaba muy enfadado conmigo por la noche anterior. Pero a mí su violencia me puso cardíaca de lo que se fuma Wherter en la sepultura. Me hizo sentir desamada. Hirió a mi niña perdida.

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