HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me despierto y es demasiado pronto. Anoche bebimos demasiado. Hay que bajar un cacho el ritmo. Ser un poco moderados. Lo pasé muy bien. Me sentí enamorada, feliz, él me quiso. Ahora busco las palabras, tengo algo dispersos los recuerdos y las neuronas. Hoy el cielo está azul. Creo que hemos quedado mal con el casero, porque cuando lo llamé se me olvidó colgar y él se quedó escuchando lo que hablábamos durante un buen rato y nosotros cuando nos quitamos la careta somos unos animales. Lo bueno es que así ya no habrá que disimular mucho. A mí ya no me gusta ponerme la máscara y cada vez lo necesito menos, sólo en ciertas circunstancias sociales, como era el caso de alquilar una casa y conseguir ciertas ventajas, seducir y contar milongas y sonreír muy falsamente.

Tengo que empezar a cuidarme un poco. No arderme tanto de vino y de que se acabe ésta noche el mundo. Fumar menos y subir más al monte. Yos se marcha ésta noche, pero dijo que si podía volvía el finde.

Ayer lo quise mucho. Nos volvimos a amar con la pasión del principio. Volvió a meterme mano cuando yo estaba haciendo otras cosas. Volvió a seducirme. A ponerme canciones. A hacerme reír. Hoy cuando abrí los ojos sentí un profundo deseo de abrazarlo. Creo que a veces sin ser consciente, soy yo la que es fría y no él. Él es un animal salvaje que si le tocas el corazón tira todas sus paredes y se convierte en la ternura y en el país de nunca jamás. Yo en cambio suelo guardar las distancias del amor por una paradoja inconsciente de un hervor de perros, timidez, alergia, precipicio, aullido. Y entonces le genero a él también un límite. Aunque él también tiene lo suyo. Creo que eso que me pasa es algo que me pasará siempre, porque me pasa desde que soy niña. Y no tengo tampoco que forzarme a amar por una concepción poética y utópica del amor. Ser como soy y fluir. Asombrarme. No comerme el coco, sino la luna.

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