HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me dijo mi viejo, que tendría que arreglar la casa, que en éste caos no se podía vivir. Yo le dije, sabes lo que me pasa que yo siento que estoy de paso, que éste no es mi lugar.... Y creo que esa sensación de no tener casa, ni sitio, ni mundo, en mi caso, empezó demasiado pronto, cuando tenía unos 11 años. Hay gente que crece en el desarraigo y en las brasas de un naufragio. Y aprende a vivir, soltándolo todo, perdiéndolo todo, cantando y caminando sin timón y sin rumbo. Viviendo sólo al día. Quemándolo todo en un blues. 
Yo crecí en una familia desestructurada, que urdía una unión de amor en base al espanto y al humor de los insectos y de los colgados. Yo crecí entre gente que había tirado la toalla y que tenía en las manos, sangre y flores, aullidos, estertores de carcoma y de perro. Yo crecí con la esperanza convertida en gasolina y whisky. Yo crecí en el esperpento y en la ternura de los bichos. 
La sombra de mi familia, corre por mis venas. 
Hoy me dijo mi viejo, coño Mareva, pero esto tíralo a la basura y esto y esto y esto. Y yo le dije sonriendo que como dijo Tia Isabel cuando me echaron de ese trabajo "¿cómo iba a saber limpiar Mareva si se crió entre la basura?" Le dije que la única opción era irse a otro sitio, porque la inercia volvía una y otra vez a la entropía. Y dijo, ostia, no vas a decir, nah está casa ya la quemo que está muy sucia, me voy a otra y luego ya la quemaré.

No hay comentarios:

Publicar un comentario