HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me han llamado para invitarme a un telar de poesía, me dijeron soy tal nos conocimos un día que cuál, sabes quién soy, yo le dije que no, que si veo su cara seguro que me acuerdo, que soy muy mala para los nombres. Aunque también soy muy mala para las caras, sobretodo porque cuando ando por esos sitios, bebo demasiado y se me hace la atmósfera una pangea surreal y desenraizada, derretida en el vaso de vino. Le dije que yo ahora me he hecho muy montuna, que he cogido alergia a la ciudad, que ya no paro por allí. Que si acaso que me llame después del verano, que éste verano tengo planes de hogueras y amores y que igual me hago más sociable después de las verbenas y vinos del verano.....que los veranos siempre atizan el corazón y cambian el aliento y el aire.

Ahora me noto con ganas de amores perros y venados. Pasiones de río y de crotorar. Hogueras. Anonimato. No me apetece, defender mi poesía. Me apetece ser poeta sólo con los bichos y los borrachos de los parques y tabernas. Ser mano a mano cualquier cosa que se vaya cantando la ruina y la luna. Ir por ahí sin dni, sin oficio, sin amarras. 

En el fondo hacer recitales obliga al piojo del yo, a ser ególatra. A ser exibicionista y puta. A ser una autofelación. A ir por ahí con una máscara y con un teatro. A ser como alguien. Y no hay nada más doloroso y antinatural que tener que ser alguien.

Creo que por eso soy a veces tan feliz con Yoseba. Porque con él, soy humo, ceniza, mundana, mandril, hierba, charco, monte, olvido, amor perro. Porque él no sabe nada de lo que escribo. Porque somos dos nómadas, silbando los escombros y brasas, de un cotidiano vagabundo, enamorado de las estrellas.

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