HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Mi vieja me está mareando mucho. Quería venir a atrincherarse aquí y velarme. Le dije que yo necesito curarme a solas las heridas, con la escritura, con el monte, con mi soledad y que se fuera. Ella empezó a decir que ella no se marcha de aquí. Le dije que entonces me largaré yo, que el lunes cobro y me iré a tomar por el culo. Y entonces ella retrocedió. Pero al rato ya estaba insistiendo una y otra vez. Le dije que estoy harta de que en la familia nunca se haya respetado el espacio del otro, que fueran una jodida telaraña pegada a rosarios y resina, tumbas y dramas. Que yo me conozco y que necesito estar sola y que ella me pone muy nerviosa, que ella no tiene la capacidad de entenderme, que nunca la tuvo y que ya nunca la tendrá y que por eso, por mi puta cordura, le rogaba que se fuera, que ya cuando me pase la tormenta que vuelva, que no es nada personal contra ella, que es algo que necesito para mí poesía.
Pero mi vieja, llamó a mi viejo, en plan estado de sitio, y vete a saber lo que le dijo, de que si bebo mucho alcohol, de que no se me podía dejar sola, de que si estoy mal. Y mi viejo me llamó, yo le dije que estoy perfectamente, que no me estoy trastornando, que ya sabe que mamá es una exagerada amante de la tragedia, que no hace falta que venga, que sólo necesito escribir. Pero mi viejo me dijo que le apetecía mucho verme que no era por eso. Aunque era mentira. Mi madre le preocupó. Y yo a mi viejo nunca sé decirle que no.

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