HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

 Está muy bello el monte. Son días exasperados, enamorados, abisales de la flor de mandrágora, del camino fusilado en el cantar de las aves, del trombón de la isla, su huracán de mano extinta, de caricia de ceniza y brasa, de madre lejanísima aviantando los cachorros entre las piernas de la hoguera. Son días de derrota y de poesía. De pasión y chubasco de escombro en los maizales. De amapola que me delira, todas las historias que alguna vez transité. Todas las palabras que borró la mar. Todo el amor amado, exprimido, saboteado y derrochado, por callejas y bares, por cuerpos y papeles, por tumbas y ríos. Todo vuelve aquí, se abre, se precipita, se anuda en la piedra que nunca tocó el suelo y canta, sabiéndose ya vencido de mi vida, inabarcable, intruso, déspota de infinito y de muerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario