HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Quiero atreverme a quererlo cuando siento del todo al amor perdido.
Quitarme la ropa, cuando me siento fea, pequeña, hundida, y hacerle un baile de calavera y mezcal.
Inventar otro vaso que romper contra la pared y que rehogar en sus noches.
Sin él, sin mí. Siempre los otros, los desconocidos, los que se asombran, los que ya han muerto, los que lloran también como cocodrilos en celo, los que caen como rayos y como montañas abatidas, los que llegan pingüino en el garaje, los que no tienen nada qué defender, ni nada qué perder, ni horas que darle al hastío, ni estribillo, ni reconozco, ni deuda, ni derrota, ni he pagado nunca nada.
Aunque andemos siempre torcidos y alcoholizados. Quiero saltar entre sus piernas, robarle el beso de amor que nunca me dio. Aunque los dos sepamos que somos una historia jodida.
Quiero volver a mirar sus ojos, como cuando yo estaba loca y tanto lo amaba y tantas rajas me metía la luna por el pecho y tanta magia nos desarropaba en la desnudez y en la hoguera.
Quiero sorprenderlo, temblarlo contra aquellos que los dos creemos que somos.
Quiero por una vez, apostar por el amor, sin darlo como una bancarrota y un cabaret. Sin sentirme su jodido velorio. Sin querer tampoco quedarme con la vuelta, ni proteger su flor. Ni volver al lugar donde me morí de placer. Que todo explote. Que tus ojos vuelvan a soltar todas las balas en mis apaches. Que nunca me lo hagas igual. Que no me lo hagas a mí. Que inventemos el cuerpo y el nombre cada noche al fuego de los que aún no hemos sido.

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