HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Quiero soltarme la melena.
Volver a pisar con las puntas de metal y opio.
Volver a osar quedar muy mal y salirme con la mía, donde ninguna tiene, nada.
Quemar mis naves en sus labios oscuros.
Quemar las suyas entre mis piernas.
Dormir en la hierba, como dos yonquis.
Hacer ruido al pasar.
Olvidarme de la educación. Olvidarme de lo que quisieron enseñarme en el jodido manicomio. Olvidarme de todas las milongas que yo les conté para que me dejaran salir.
No agachar el mechero, ni los bellos rencores,  ni mi maldad.
Necesito un chute de libertad en el fango, en el olvido, en la desolación.
Perder la cabeza y que el sexo, no sea la mar que me fatigue y me contenga, que sea, la gasolina que echa más tibias y calaveras al barco. Que no sea la excusa, que no sea el fin. Que no sea lo único que quiero de ti y que tú puedes darme.
Quiero perder el equilibrio desde dentro de la hoguera.
Que no diga nada más ni la vejez, ni la cultura, ni la muerte.
Que no paguemos por nada.
Que todo lo tomemos.
Que no creas que soy tuya. Que me tomes, como se roba un comodín al diablo. Pero que no vengas aquí, como se va al bar de todos los días. Que le pongas inspiración. Que me sorprendas para que te abra las piernas hasta venus. Que no creas que nos conocemos. Que aunque lo hayamos hecho mil veces, me lo hagas como a una desconocida a la que tendrás que pagar el whisky y el hotel, la amnesia del despertar y la flor de queroseno.
Que no me contagies con el olvido.
Que no me manches con la costumbre.
Que saltes a morir, a perder los nervios y el futuro. Que valga la vida, la dinamita, el riesgo y la luna, besar tus labios.

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