HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Recuerdo con Yos. a los diez días de conocerle, yo quería que aquello acabara para siempre, le conté una mentira y nos amamos bajo las estrellas. Luego le dije, estoy muy feliz contigo porque eres la única historia que he tenido que ha acabado bien. Él me dijo vamos a hacerlo otra vez aquí. Y yo le dije, no no. Y me empezó a acariciar y dijo, si ya no quieres que te haga cosas y dejó de acariciarme y se puso altivo y cuervo. Y yo altiva y cuerva, acabé a un chute la cerveza y me fui. 
Pero a la semana volvimos otra vez a amarnos por los montes.
Con el tiempo empecé a quererlo y eso nos hizo más infelices. 
Éramos más puros en la decandencia y en la estrella fugaz. 
Éramos más jóvenes en la flor que sólo vive un día. 
Cuando nos daba igual perderlo todo porque no teníamos nada.
Cuando no importaba cómo acabaría la noche, porque sólo los lobos, nos tenían el corazón. 
Yo lo amaba más cuando no lo amaba.
Cuando me daba igual que nunca volviera.
Cuando no necesitaba que me sonriera. Ni que me tomara con vicio. Ni que me preguntara que dónde he andado. Ni que me llenara el vaso hasta el delirio.
Yo era más feliz cuando él era sólo opio. Que no dolía. Que sólo a placer y hasta quemar toda la tierra.

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