HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Salgo de la ducha y ahora una cerveza, un tiento. El otro día por Xixón me dijo, mira como se queda la gente mirándote, tienes unas pintas que tela. Yo le dije, pues anda que tú, me mirarán porque voy a tu lado y además yo he traido la ropa más bonita que tengo, allí en el pueblo me da igual todo, lavarme me lavo, porque adoro el agua, porque la necesito. Y me dijo, menos mal. 
Va a traer unos bocadillos para que comamos debajo del cielo. Así que me despreocupo. Hoy estoy mundana. No estoy grave de la metáfora. Tal vez porque va a venir él.  Antes de que llegue iré al monte un rato con el perro. Yo escribo cualquier cosa. Escribo lo cotidiano, lo inútil, lo íntimo y estúpido, lo antipoético, porque adoro hablar en voz alta cuando estoy sola. Desde que era pequeña, yo hablaba sola, me ocultaba en mi habitación, en un prado, en el huerto de mi abuelo, y me contaba las historias que no me encajaban entre las palabras de los humanos.  Abría de par en par el cine. Y sólo entonces me encajaban los significados y la realidad. A mí me gusta hablar por los codos, por las costillas de los perros, por las pezuñas de las vacas, por las ortigas, por el vino peleón, por la tormenta y el charco, por el ataúd y la gasolina. Yo podría estar hablando mil siglos enteros hasta convertirme en un paramecio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario