HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Sé que empiezo amarlo, con el rostro de mi muerte.
Sé que eso, es nuestra perdición y el opio.
Porque yo amo mejor, a los desconocidos que se emborrachan conmigo, en la vereda.
A los que no volveré a ver jamás. Les doy la vida, mi verdad, todas mis monedas y años, los únicos besos de amor, los versos verdaderos.
Y él, alguna vez, fue uno de ellos.
Él día que lo conocí, tomamos una cerveza, en el río. Luego me invitó a una barbacoa en su casa. Nos empezamos a embriagar en la terraza. Me preguntó que si tenía navaja. Yo tenía sólo un vestido. Le dije ¿cómo voy a tener a navaja? Me dijo, tienes cara de tener navaja. Dijo que invitara a mi madre a cenar. Yo le dije, no creo que sea muy buena idea. Él insistió. Yo llamé a mi madre le dije, tráete pan del bar y una botella de vino. Me dijo si acaso tenía pensado emborracharme. Le dije que hasta la luna. Le dije qué rico huele, yo no puedo fumar porque me sienta mal. Me dijo, conmigo no te sentará mal. Yo le creí como nunca había creido a nadie, confié a muerte en sus ojos. Y después, en su cocina, empezó a quererme. Yo le quise un segundo y luego le dije que ahora no que está ahí afuera mi madre. Y nos acercamos mucho, delante de ella, y él osó, arrancarme la muerte delante de mi madre. Y yo le quise infinito. Tuvimos extrañas conversaciones con la vírgen santísima de mi madre, examinándonos de reojo y quitándome el vaso y diciéndome, mareva estás diciendo muchas tonterías, ya no bebas más. Yo le conté a él cosas de mí y él me dijo, estás abriéndote conmigo, eso es muy bello. Mi madre dijo bueno mareva vámonos ya a casa. Yo le dije que fuera ella delante que íbamos a dar una vuelta al perro. Y salimos y mi madre se quedó con el coche allí parada espiándonos. Yo quería ir al monte. Él me dijo, aquí hay camas. Yo le dije, no, no, yo quiero debajo de un chopo al que quiero mucho. Yo hacía como tres años que no fumaba un porro, y sentía que estaba en Marte y no en la tierra. Y fue como un vuelo de nitroglicerina y sal y flores y olas y amapolas blancas y sinergia. Él me acompañó luego a la puerta de casa. Y al día siguiente estábamos otra vez por ahí como dos venados. Mi mamá me dijo, empezastéis demasiado rápido, y yo le dije, sino no hubiéramos empezado jamás.

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