HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Te perdí mar de mi orilla.
En el tiroteo de un sapo y la metralla.
Te hiciste tormenta de arena, en el subido tequila, de los que van a morir ésta noche.
Bruma de mi zapato roto, de mi corazón arrancado a cuchillas, al orgullo del ciprés.
Me morí del amor entre tus brazos, desquiciada y ebria del paraiso. Lunática, sucia y raposa, de tus labios de hachís y de muerte.
Te abrí mis piernas como abren los de los seguros la puerta a la estúpida clientela, enamorada de amortizar el incendio de mi casa, la quema de mis años y el derribo del planeta, en el éxtasis de tu fuego de maldito.
En tu naipe de obsesos alcohólicos empuchados por la belleza de la luna, me hice pasar por esa otra cualquiera que a veces cruza la calle, de tu mano y dice que te quiere, y dice, que eres tú, ese otro cualquiera que cuaja mi G en una historia que volando por los aires arrenga cualquier calle a la lujuria de las estrellas sin nadie más que la hoguera.

Bye Bye Repunga de la chistera de coca y pulgar, al beso negro de la montaña a la que Mahoma ya no va.

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