HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Últimamente no recuerdo mis sueños. Me he cambiado de cuarto para escribir, porque en la galería se acumula el calor. Aquí el paisaje es también hermoso. Son los chopos, una largura de prados, un huerto con gansos y gallinas. Aquí sólo da el sol un par de horas al amanecer. Y todo el día se mantiene un tipo de fresco como el de las iglesias. 
Busco las palabras. Hoy me despierto más tranquila. Si realmente se acabó la historia para siempre, no es un drama. Dolerá alguna canción. Pero será un cambio creativo. Me costará hasta que vuelva a enraizar la mar en mi deseo. A arquitectar la selva en mi paso. Tal vez me cueste más que a otra gente, porque soy solitaria, porque apenas me relaciono con personas. Mi vida estaba desquiciadamente ebria de sus encuentros y hogueras. Además de la deriva, del poema, de la luna. Por eso creo que sería necesario que me fuera de éste pueblo. Que empezara de nuevo en otro sitio. En un sitio donde tenga tiroteada mi pared hacia la humanidad. En éste pueblo estoy atrincherada y suspicaz de la gente. Y quedarme aquí, después de Yos. me acabaría llevando a los escritorios de Comala, a la nostalgia, al delirio. Habría demasiados muertos. Escribiría al pasado. Porque el presente sería una liturgia de opio y de inexistencia. Después de Yos mi casa ha sido devorada por los astros, mis años, mi equilibrio, mis mapas. Porque yo me entregué gasolina y fuego. Por eso hay que ser coherente con la llama, dejarla explotada en su vehemencia y seguir el alarido. Quemar todos los restos. Y reivindicarse en la hoguera.

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