HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Una vez, unos chicos que también escriben, me preguntaron cómo llevaba lo del libro. Y yo les dije que llevo muy mal lo de seleccionar los poemas, porque si me leo a mí misma, me vuelvo loca del todo. Ese poemario fue seleccionado, una noche que me desperté en la madrugada con una pesadilla, llevaba unos seis meses teniéndolo pendiente y dejándolo siempre para mañana. Y esa noche me dije que hasta que no se lo enviara no me iba a dormir. Tenía un archivo de la de dios de páginas hecha por ciertas etiquetas que pongo de vez en cuando en las entradas del blog. Y ese estado febril  mandé el poemario, sin corregir ni una palabra, ni una coma.  Sabiendo que sino lo mandaba esa noche, jamás lo mandaría. Tardé dos horas. Leyendo mis textos con el corazón de una rata y con una radiografía de un hachazo. Al chute. Y no a la lectura. Cuando envié el mail, sentí que me había quitado de encima una tonelada de peso y que nunca más me metería en esos embrollos.

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