HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya no podré vivir en éste pueblo. Hay demasiados recuerdos del otro mundo, ayahuasqueros y violentos. Mi casa huele a él. Huele a mi casa quemada en sus labios. Huele a mi vida desbordada entre sus piernas y entre sus malditos versos. Los chopos me recuerdan a él. Las genistas, los ríos, el musgo, los helechos, la luna, el mechero, el trago, lo que yo amo. Por eso tengo que marcharme. Ya no podré caminar por éstas calles siendo libre. Ya no subiré igual las montañas, ni sentiré lo mismo al cruzarme con los venados. Borrón y cuenta nueva, a menos  200 metros bajo tierra. Con muchas menos monedas. Pero otra vez, intactos del fuego del cosmos. Coger otro barco y que salga el sol por donde quiera y que la mar nos zarandeé, nos viole, nos levante y nos escupa, junto a las sirenas y los pez espada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario