HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Yos. aquella mañana me gritó, no es la primera vez que me lo haces. Y me dijo otras muchas cosas peores como un bombardeo. Él se pone muy hermoso cuando se enfada. Pero también se vuelve alguien peligroso, parece una granada de mano a punto de explotar encima. Yo suelo estar flower power con él. Pero cuando me dan mis remaches de violencia también me vuelvo nitroglicerina. Sólo me dan en la catarsis del blues y de la luna llena. Cuando se rompe cierta censura en mi corazón y me trueno hacia afuera. Cuando me besa la ayahuaska, el fuego, la poesía y la noche. Cuando mi animal interior toma la palabra y la libertad. Sería más sano para mí, vivir en armonía con la pólvora.... no acumularla hasta que me está asfixiando el poema y se me desborda. Ser más honesta con la libertad y la pureza de la violencia. Ser más fiel a sus canciones. A veces trago polvo y noche sin salida, me equilibrio sobre la cucaracha de Kafka, me aguardo en el sacramento de la soledad, y eso lastima a mi corazón, porque va convirtiéndose en un animal encerrado. Creo que por eso ese día hice daño a Yoseba. Porque había aguantado muchas macarradas y arrogancias y desquites de él. Porque mi niña triste se había hecho responsable del exilio y del réquiem del crepúsculo durante mucho tiempo. Y esa noche se hartó y prefirió la hoguera.

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