HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

A veces, la poesía me engaña. Quiero engañarme con ella. Quiero que ella me engañe desde Yoseba. Quiero que la luna me hipnotice con ella. Pero en algunas noches, te echas a andar y te das cuenta que allí atrás, hay un cuchillo abandonado entre los dedos de la lluvia. Que no sobrevive el poema. Que es mucho más feo el mundo. Mucho más frío el amor. 
Y entonces te despedazas de las luces de san telmo.
Y esa verdad, duele tanto que un desierto sobre los hombros, clama por el apocalipsis.

Esto es algo que me pasa desde hace un tiempo.
Aunque quiera salvar la épica. Empiezo a ver timbres de carcoma.
Y Don Quijote tan solo y malherido, por la playa de Barcino, matándonos de la mar.

Y eso es lo que vi en él.
La hoguera que yo cantaba, me apareció desde sus ojos, como cien kilómetros de distancia que sigue alejándose. Rompe la guitarra contra las vías del tren. Y el agujero negro, se pone a cantar.

Y engañaré con poesía mil mundos todavía.
Porque yo sólo he sabido vivir hacia la supervivencia de los sueños.
Aunque para ello alguna vez tuviera que volverme loca, y ver al Fauno atraparme en los brazos de las estrellas. Y saberlo, vivo. Y saber que merecía la pena.

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