HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer me di cuenta que todas las sombras de mi vida, seguían tejiendo las pinzas del cangrejo de magma. Que todas las urdimbres del dadá y de la oscuridad de los poemas seguían posicionándose en mi forma de llamar a la mar. Que nada fue inútil. Que nada se acabó del todo. Que las experiencias de mi pasado y mis mecanismos emocionales, seguían atrapadas por el piano del hueso y de la sangre de mi teatro. Que nunca fui del todo libre de lo que había vivido. También comprendí que el autismo de Alicia, me había engañado miles de veces. Y que fui neuróticamente subjetiva y tiránica del hacha y de la flor. Que no fui asertiva. Que en mis viejas relaciones de amor y otras desventuras, yo estaba enganchada al laberinto del Fauno que me daba la razón como a Evaristo el rey de la baraja y que me fumaba todo lo otro a un chute, absolviéndome al corazón del fuego. Comprendí que había una herida de queroseno que me hacía un bucle donde todo me lo tomaba a pecho y a hoguera y me daba a mí todos los naipes. Comprendí que muchas de las tormentas que me cayeron encima, yo las había provocado. Comprendí que algunas de esas experiencias extremas donde cayó sobre mí la violencia de los otros, eran recíprocas de mi violencia. Supe que fui a veces paranoica de mi surrealismo. Y clavé con dinamita su subjetividad como semen de dios. Que la suspicacia de mis emociones ambulantes me hizo generar una dictadura de nubes y de beleño, de frágiles flores suicidas e incendiadas. Que la balacea que yo llevaba dentro, se convertía en el diccionario y en lo que me traía de vuelta la vida.

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