HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer me fui a dormir muy pronto. Ahora todavía no ha amanecido. Ayer lo pasamos bien, fuimos al río con los perros... Después nos amamos muy intensamente, fue muy hermoso y apasionado. Se me pasó la náusea y me dormí abrazada a la mandrágora. Hemos planeado hoy ir lejos por el monte. Él se irá pronto. Todo es extraño, enamorado, enraizado al agua y al olvido. Es leve, profano, oceánico. No tiene tiempo a hacernos daño. No es sagrado ni viejo. No puede quedarse con nada. Y sin embargo a veces sigue siendo el sin sentido embriagando margaritas a un querer que atropella todas las semanas en el escenario desnudo que agarró entre tus piernas el coste de la luna.

Tal vez toda mi vida vaya a vivir con el escepticismo del fuego. Con una bala perdida. Con un hueco que gime la largura de la música. Contigo y sin ti, creyendo otra cosa cualquiera cuando el alba me desnuda sin dudas ni escombros.

Ya casi no me acuerdo de aquél amor. Últimamente me he hecho jodidamente pragmática del presente y de lo que hay justo ahora. No me da para nada más de lo que explota sobre mi cabeza cuando ciercen los chopos el beso de la mar. Son muy breves los desiertos en el duelo que brindan las floristerías cuando la ginebra sale tan cara y tú no tienes explicaciones para decir porqué, ni si hemos sido. Estoy enamorada de algo abstracto que a veces se mete en tu cuerpo y a veces llega cuando te vas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario