HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Creo que en mis taras emocionales, los poemas de K. subconscientan dinamita en el desliz del cielo. Los sentimientos son una hervidera de mandrágora. Y las formas en las que se amó, se odió, se perdonó, se peleó, se soñó, se aguardó la fe de la luna, se reproducen rizomáticamente. Aunque sea a otro tipo al que amas, o a la mar, o al camarero, o a dios o al fin. 
Creo que nuestro corazón, guarda todas sus memorias desde que fuimos bebé. Y el corazón, en su humus, no entiende de pronombres, es comunista libertario, es sinestésico. Y tiene una mezcolanza que mezcla el primer amor que se le tuvo a la madre, al padre, a los perros, a los primeros amigos, a los escarabajos y al sol. Es un mejunje de locos. Es una droga del cosmos. Y la gente que entró y salió por él, dejó una marca de fuego y un chute de amanitas que el corazón todavía sacramenta y utiliza. 
A K. nunca lo borré del todo, en la canción de la muerte. Con él yo fui una poeta desquiciada y extrema. Defendí la poesía, cuando ya se habían desintegrado las calaveras. Cuando si soplaba un poco en mi dentro iban a salir cataratas de odio y toneladas de ceniza. Y eso me dejó dentro a un Wherter harapiento que bebió la bala de Marte, para salvarse contra el suicidio. A K. le mandé cientos de poemas amándolo todavía, sin que él dijera ni una palabra. Era incapaz a irme. Era incapaz a darlo por perdido, por eso luché delirantemente por tenerlo vivo, en mi piano, aunque el piano estuviera en el Leteo.  Eso me provocó mucho sufrimiento y desarraigo. Porque mi querer era suicida. Y tragué miles de kilómetros de agujeros negros. Creo que eso me metió dentro la granada, de no ser querida y de querer aún así, porque no hacerlo me mataba y hacerlo también. Algo de lo abstracto de aquella matriz de un sentimiento agonizante que no acaba de morir y que cada vez hace más grande el agujero. Está aún en el fondo de mí. Y a veces se pone susceptible con Yoseba, o la pelea, o al olvido, o a Comala, o a que nos caiga encima un rayo, o a beber hasta que se vaya tomar por el culo todo el suelo y mueran todas las ciudades.

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