HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Estaré aquí dos meses más. Dos meses de elegía esperezandora. Para sacar punta a mi escoba y echar el vuelo. Para hollinar las golondrinas en manteles de opio y de sal. Para nunca más, haber conocido la música que suena.

Luego será la incertidumbre reparadora de habitar como los leones la hierba.

Quiero subir al cabello de la hoguera y mantenerme a puño y corazón, en su alegría y desdén.

Abrirme de costilla a costilla, entre aquellxs que cruce el camino, el grito, los motivos y la pobreza.

La escritura es una involución hoy en mi vida.
Porque es un refugio.
Y no necesito refugios sino pájaros.

No quiero encontrarme conmigo al saltar al río, ni al leer la pared, ni al apretar mis manos. Quiero el plural y la barricada, las canciones de fuego y monte y mar. El amor comunista libertario y las lanzas del Quijote. Tanta vida, que sería una deshonra no morarla hasta agotarse del ser.

No quiero ya mi puta soledad que tanto sabe del desierto y del olvido. Que tanto sabe de la que creo erráticamente que soy. Ni la que dice sé, ni abarco, ni permanezco.

Ya no quiero a la cucaracha de Kafka.
Ya no me quiero a mí, como hiedra asfixiando los árboles. Ni puntos suspensivos. Ni estaré mañana.
Ya no me quiero yo, en el prisma del exilio y el adiós, ni jodidos papeles, ni torniquetes y mazas, ni espejos y resina, ni esquelas y motines, ni tanta puta palabra.
Ya no quiero protegerme con las metáforas. Ni recaer en la carcoma de mi piano.
No quiero acorazarme ni defenderme contra la vida. Ni velarme. Ni controlarme. Ni averiguarme. 
No quiero buscar un rostro ni una manera Quiero fluir tan extraña, indefinida, liberada, en la arista y en el pétalo, en el rencor y en el beso, en las alas y en los mordiscos. 

Quiero a la gente. A la vida.

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