HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Estoy inquieta. Al haber conocido tan profunda la felicidad, algo en mi sangre busca regresar a ella. Pero era una felicidad plural, se sostenía en una comunicación ácrata de los sentidos y de los significados, en una reciprocridad de sentimientos y pasiones, en el amor, en los sueños compartidos, en el presente rizomático y comunal, en la exteriorización y realización comunista libertaria.

Aunque yo estuve mucho tiempo sola y fui libre en mi soledad. La soledad no puede llegar a esos poemas. Había algo que no venía de mí ni iba hacia mí. Algo que flotaba como un fuego lunar en la atmósfera y me poseía con música evanescente y enamorada.

Una empatía de duendes con Ab. La sensación de que él era un refugio y una trinchera, un barco y una canción. Alguien que me abría los costillares y los pianos. Con el que no mentía Alicia. Con él sentí que mis palabras introspectivas y las exteriores, eran armonía. Yo ya no era muchas. Ya no estaba en guerra. Mi metáfora no hacía trampas. No ocultaba un doble diálogo para la noche ni un cacho de carne para los lobos, ni un cordón exiliado de la mar. Mi escritura y mi sonido, decían las mismas cosas. Yo era, sólo una.

Ese amor me hizo alguien más libre. Y provocó más belleza en lo que yo miraba.

Pero algo de su accionamiento venía de Ab. Y como ahora él no está y he vuelto a escribir y a estar sola, mi metafísica ha vuelto a pelear. Los espacios vacíos escarban en el nigredo y en los bosques.

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