HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Fue como un sueño. Al volver mi casa ya no estaba. Mis ojos como canicas de benceno entre las faldas de los murciélagos chupaban la luna y exprimían las pinturas con patadas. Perdí mi equilibrio en tus dados. La hierba eran las manos, la noche, tus dedos, las estrellas, nuestra mesa, y a los pies sentados acabamos todas las botellas que centelleaban los barcos que se hundieron a un tajo en la mar con nuestros cuerpos como los mástiles del fuego.

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