HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He descubierto muchas sensaciones nuevas, del amor, de la conciencia, del respeto a la vida y al fondo de las palabras. Y quiero mantenerlas y avanzarlas más dentro de mí. Tengo temor a regresar a mi caos y a la telepatía de los insectos. Tengo temor a mi caverna. A volver a denigrar la vida en las hogueras que explotan y que dan todo el placer en un rato y luego no dejan nada. Por eso quiero moverme. Preparar a fuego mi viaje. Con Ab. aprendí mucho sobre los errores de las pasiones y la violencia. Él me enseñó a mirar más profundo en mi explosión sanguínea. Me di cuenta que mi forma de vivir era una insaciable guerra... y que hay un mundo mucho más grande ahí afuera. Con él sentí paz de espíritu. Algo que llevaba la de dios de años sin sentir. 

Ahora él se fue. Aunque nos volveremos a encontrar. Me enamoré de él. Y me es algo raro todavía estar aquí, en medio de ninguna parte, sin él.  Pero también aprendí que el camino es libertario, que el vacío sólo puede llenarlo una misma. Que lo inmenso está siempre cuando hay una relación libre con la atmósfera. Cuando ya no hay dependencias ni propiedades. Recordé lo que amaba de las comunas, del fuego político, de la capacidad real de acción y de creación. De la urgencia de abandonar la cueva y salir afuera.

También se curó mi corazón. Porque antes estaba ebrio de Yoseba y sus gatos negros. Antes mi vida se movía alrededor de la nada y de Yoseba... con dinamita y whisky como transición. Al amar a Ab. amé a toda la humanidad de forma anarquista. Y mi corazón cicatrizó mi hambre en un canto de agua. 

Ab me dejó un sueño entre mis piernas y en mi humus. Ab me dejó la inmensidad. Algo muy bello y muy libre. Algo que me enllamó de felicidad. Algo que seguiré siempre.

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